Grandes del Cine Negro
Una tarde con Bogart
   
  Los grandes actores del cine negro: Bogart, Cagney y Robinson
El cine negro y una de las temáticas que le habían caracterizado durante los años 30, la de las películas de gangsters, parecían encontrarse en cierta decadencia en la siguiente década, en la que dio ya escasos títulos de interés. No obstante, el inicio de los años 40 trajo consigo una de las grandes películas que sobre el tema rodó Raoul Walsh, quien, quizá, ha sido el mejor cronista con el que ha contado el cine negro. Walsh, un excelente narrador y notable escritor de imágenes, realizó en 1941 El último refugio, teniendo como base la novela de W.R. Burnett, que el propio escritor se encargó de adaptar al cine. El protagonista de aquella película era Humphrey Bogart, quien habría de convertirse en el más famoso de los actores que trabajaron en el género. El papel de Bogart en El último refugio, supuso para el actor una gran oportunidad, después de un largo peregrinaje por películas de bajo presupuesto a comienzo de los años 30 así como en los escenarios teatrales, en donde precisamente había interpretado el papel del gangster Duke Mantee en la obra El bosque petrificado, y cuya adaptación cinematográfica resultaría ser un giro decisivo en la carrera del actor. Ello debido ello en parte a la insistencia de Leslie Howard, con quien Bogart había interpretado la obra en Broadway. Howard puso a los mandamases de la Warner la condición para interpretar la película de que fuese Bogart quien en la versión cinematográfica encarnase el papel que durante siete meses había desarrollado en los escenarios, ya que de no ser así renunciaría a la película. El estudio acabó aceptando y de esta manera Bogart abandonó definitivamente los escenarios teatrales para centrarse en el mundo del cine, donde inició una rentable carrera como actor secundario bajo la égida de los hermanos Warner, con los que hizo casi todas sus películas hasta 1948.
Durante su estancia en la Warner, Bogart hizo como media una película cada dos meses, en las que -por regla general- interpretaba los papeles de malo. En el plazo de cuatro años había intervenido en un impresionante número de películas de gangsters, en las que aparecía como el tipo que jugaba sucio y terminaba muriendo de forma ignominiosa; papeles que solían servir de soporte a la gran estrella de la película. En sus primeras películas para la Warner, le habían electrocutado, ahorcado o condenado a cadena perpetua en 17 veces y había caído ametrallado en 13 más. Bogart se alejó de esos papeles en La pasión ciega, dirigida en 1940 por Raoul Walsh, y en la que interpretó, junto a George Raft, el papel de un camionero enfrentado a los problemas diarios y la fatiga de los viajes. Su sólido trabajo en esta película sirvió para que el director Raoul Walsh se acordase de él para la siguiente producción que iba a dirigir y que, en un principio, estaba previsto que la interpretara George Raft. El papel protagonista era el de un gangster que tras salir de la cárcel, se veía envuelto en una atraco, era perseguido por la policía, y, finalmente, abatido a tiros. Esto desde luego no hacía mucha gracia a George Raft, que se negó a interpretarla al no querer morir en el desenlace, un requisito exigido por la censura como expiación para los delitos del personaje, por lo que acabó siendo sustituido por Humphrey Bogart. La película en cuestión era El Último Refugio, en la que interpretó a un gangster envejecido y desilusionado, un papel que a diferencia de los que había interpretado anteriormente, revelaba
una sólida dimensión humana y una profundidad que le convertían en un personaje romántico. Bogart se convirtió en la verdadera revelación de la película, que significó otro giro decisivo y el impulso necesario para que su nombre se acercase a las puertas del estrellato, condición que reafirmaría con unas cuantas excelentes películas, algunas de ellas centradas en el cine negro y consideradas como obras maestras del cine.

Otro de los recordados títulos de Bogart del género negro es El halcón maltés, con el que inició su relación laboral con John Huston, por aquel entonces, un reputado guionista de la Warner Brothers que, contratado a principios de los años 30, había escrito guiones de notables películas como Jezabel, de William Wyler, o El sargento York, de Howard Hawks. Su trayectoria fue recompensada por los hermanos Warner, ofreciéndole la dirección de El halcón maltés, la conocida novela de Dashiell Hammett que ya había sido llevada a la pantalla en dos ocasiones sin demasiado éxito; será esta tercera versión, mucho más fiel a la novela que las anteriores, la más conocida de todas. Al igual que El último refugio, la inclusión de Bogart en el reparto fue casual, motivada también por la negativa de George Raft al interpretar el papel, ya que no estaba dispuesto a arriesgar su reputación poniéndose en manos de un director novato. Esto concedió a Humphrey Bogart la oportunidad de, con su personaje del detective Sam Spade, encontrar por fin su verdadera fisonomía. Era, y seguirá siendo a partir de entonces, un hombre que ocultaba sus propias necesidades bajo una aparente capa de dureza, que rechazaba los principios altisonantes y desconfiaba de las causas abstractas. En definitiva, un solitario que se negaba a pedir ayuda a los demás. Siguiente