Los Pulps >> Muñecas y Mujeres Fatales
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En realidad, esto no es un artículo, sino una pequeña galería de portadas de Pulps policiacos.
Cuando me encontraba recopilando material gráfico para esta sección de "género negro", no pude evitar reparar en la calidad de algunas de las portadas, y en cómo recurrían a un sutil erotismo para captar la atención de los potenciales lectores. Esto no es nada nuevo; más bien era algo habitual en los pulps (y si no, ahí teneis a Margaret Brundage y sus portadas para Weird Tales, de las que Lovecrfat solía quejarse por presentar tan a menudo a chicas desprovistas de cualquier atuendo).
    Sin embargo, en las portadas de los pulps policiacos, vemos con mayor claridad cuales eran los standards de belleza femenina de los años 30-40-50, cómo ese standard va evolucionando (y perdiendo elegancia), y, sobre todo, cómo nos define los dos papeles básicos del personaje femenino en el género negro: "muñecas" y "femmes fatales", dos roles que a menudo se mezclaban.

    Las "muñecas" eran niñas buenas (en más de un sentido), enamoradas del protagonista de turno, secretarias del detective protagonista, pobres víctimas a la que debía proteger... Con rostro aniñado y cuerpos de escándalo, las "muñecas" captaban la atención de una parte de los lectores.



Las "mujeres fatales" eran otro cantar. Desde la bíblica Dalila hasta la medieval "belle dame sans merci", tenemos múltiples ejemplos de su existencia: el tema de la mujer malvada pero cuyo poderoso atractivo dejaba indefensos a los hombres, hasta llevarles a la perdición. En pleno apogeo del género negro, la "bella dama sin piedad" se adapta a los tiempos, convirtiendose en lo que posteriormente se ha llamado "femme fatale" (es curioso, todos son nombres fraceses; hay que ver cómo son...). A la mujer fatal la podréis diferenciar de la muñeca en su mirada, su gesto, su pose. Parece estar diciendo: "Todos los días me desayuno tipos como tú". Por lo general, a las mujeres fatales se las veía venir, se les notaba que no eran trigo limpio y que tenían pensado jugarsela al protagonista. Pese a ello, y aunque el pobre panoli lo sabía, aunque se daba cuenta de que ella le iba a destrozar la vida, estaba tan fascinado con ella (enchochado diríamos ahora) que era incapaz de dejarla. ¡Qué malas eran!